Morir en la orilla

7 08 2012

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Non ha importanza dove si è nati, quando come e dove si sono avuti i primi approcci con il calcio, per diventare un appassionato, un tifoso. Il tifo è una malattia giovanile che dura tutta la vita.
(No tiene importancia dónde se ha nacido, cuándo y cómo se han tenido los primeros acercamientos al fútbol, para convertirse en un apasionado, en un aficionado. La afición es una enfermedad juvenil que dura toda la vida)

Pier Paolo Pasolini (citado en Valerio Piccioni, Quando giocava Pasolini, Limina, Arezzo 1996).

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Con la que está cayendo hablar de fútbol está mal visto. Un poco menos de deporte, por eso de que los Juegos Olímpicos son sólo cada cuatro años y están envueltos en un velo de valores y principios (aunque en realidad poco más que símbolos queden de ellos). Los profanos le atribuyen al aficionado al fútbol un encefalograma plano. Vamos, que es poco menos que estúpido. Y además pasa “olímpicamente” de la realidad de cada día. Esa que le vacía la cuenta de ahorro, le ha dejado en la calle, le sube los impuestos, le quita la casa y le ofrece como “solución” un puñado de políticos y/o mangantes (úsese la expresión al gusto del consumidor). Y los hay. De esos que creen más importante un título de fútbol que una crisis mundial que los deja con el culo al aire (o directamente sin culo).

Por suerte (o tal vez por desgracia porque vivir una realidad paralela a lo mejor tiene su encanto) no es mi caso. El fútbol es un elemento más de mi vida. Y ganar, perder, reír o sufrir por un balón convive con crisis mundiales sin grandes problemas de integración entre ambos.

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Volvamos a Pasolini y hablemos de tifo.

28 junio 2012, semifinal Eurocopa, Alemania 1 – Italia 2:

Hay pasiones que no entienden de nacionalidades. En mi pasaporte pone “española”, pero mi corazón es completamente “azzurro”. Será difícil ver la final del domingo rodeada de españoles. En España. Con mi tricolor al cuello y Totti serigrafiado en mi espalda. No sé qué ocurrirá aunque confío en la victoria. Pero soy feliz. Estoy orgullosa. Me han hecho vibrar.

La gente no lo comprende. Me miran como a un bicho raro extraviado en un desierto. Pero la pasión es un sentimiento y como tal no se elige. Io tifo l’Italia. Aún cuando España, “mi país”, gana como jamás lo ha hecho. Io tifo l’Italia. Cuando suena el himno de Mameli se eriza mi piel. Cuando sientes unos colores sólo puedes dejarte llevar. Gane contra la favorita Alemania o empate contra la débil Nueva Zelanda. Tu equipo es sagrado. Contra toda lógica. Es la magia del fútbol. No sólo de crisis (mal)vive el hombre.

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1 julio 2012, final Eurocopa, España 4 – Italia 0:

Podría se el día del “dulce sabor de la derrota”. Y tal vez con el tiempo lo sea. Si no es Italia, al menos que sea España. Es lo poco en lo que mi pasión futbolística y mi pasaporte se ponen de acuerdo.

Siento rabia. Y algo de resignación. La ley de Murphy hecha partido para Italia. Todo lo que podía salir mal, salió mal. Empezando por una España que por fin se pareció a sí misma y jugó un fútbol magistral. Ese que en toda la Eurocopa había brillado por su ausencia. Como decía todo lo que podía salir mal, salió mal: los dos centrales que milagrosamente no habían cantado en todo el torneo eligieron la final para hacerlo, Chiellini lesionado a los 20 minutos, el balón al palo en el momento clave, un gran Casillas, Motta que se lesiona a los cinco de entrar y deja al equipo con 10 cuando se vislumbraba un intento de reacción al 2-0… Y a partir de ahí, la nada. Italia desapareció del campo. Quedaron 10 fantasmas sin alma que miraban como España (al fin) divertía.

Cuando pase la rabia quedará el orgullo. Con el fútbol italiano de nuevo patas arriba por culpa de tramposos y una nazionale en proceso de construcción para Brasil 14, Prandelli ha hecho un milagro. Italia ha jugado (sin regularidad) un fútbol magnífico y ha sido la protagonista del mejor partido de la Eurocopa: las semis contra Alemania quedarán para siempre en la Historia. Por el partidazo y porque un Alemania-Italia tiene siempre un sabor especial. Al segundo nunca se le recuerda en una Eurocopa, pero esta Italia hará difícil la credibilidad de los amantes del tópico del catenaccio.

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PD: 7 agosto 2012, Juegos Olímpicos de Londres, Italia 17 medallas (7 oros), España 6 medallas (1 oro):

Más allá del fútbol mi pasión no sabe decidirse. A veces parece que sí. Pero sigue sin caer del lado de mi pasaporte. Supongo que me equivoqué al reencarnarme. Quién sabe. El caso es que puedo disfrutar de las victorias de ambos. Por fortuna hasta ahora no se han enfrentado por las medallas unos contra otros. Tal vez entonces vuelva a tener un problema con mi pasaporte.

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